A pocos días del estreno de la esperada tercera temporada de La Casa de Papel, charlamos con los actores Pedro Alonso y Rodrigo De la Serna en su reciente visita a Argentina.


Después de mucha espera y especulaciones, finalmente este viernes se estrena en Netflix la tercera temporada de La Casa de Papel, la serie española que ya se convirtió en una de las producciones de habla no inglesa más exitosas de la plataforma de streaming.

Como parte de su gira promocional, el actor Pedro Alonso Ochoro –que encarna al polémico pero amado Berlín– viajó a Argentina junto a Rodrigo de la Serna, quien se suma en esta temporada como un nuevo personaje de la famosa banda de atracadores. Vía País charló con ellos.

Creíamos que Berlín estaba muerto, y aún no sabemos qué pasa. Pedro, ¿esperabas volver a la serie?

Pedro Alonso: Digo mucho que procuro cortar cada vez que asoman las expectativas. La vida profesional me ha enseñado que el gran arte es vivir el presente y la vida te sorprende aunque tú no quieras. Las expectativas te conducen por un lugar mientras la vida está en otro sitio. Pensé que era una opción muy posible que la serie siguiese por lo que estaba pasando en el estreno, y que el personaje siguiese. Pero me mentalicé enseguida para que si siguiese sin mí estuviese igual que bien que si siguiese conmigo. Me han pasado cosas muy buenas con este equipo, creativamente muy ricas y creo que todavía hay material de interés para que la historia continúe. Estoy investigando la cara oculta de la luna de Berlín.

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Rodrigo, cuando te convocaron para participar de la nueva temporada, ¿ya habías visto la serie?

Rodrigo de la Serna: Había visto un poco y cuando me convocaron la vi en dos minutos, tiene esa cosa adictiva y ese gancho. Fue concebido como un programa para la televisión pública española y tiene un target amplio, me parece que ha montado un dispositivo narrativo y técnico que va hacia una dirección más puntual.

¿Dudaste si aceptar?

R.S: Participar de eso con un personaje así, no lo tuve que pensar mucho. En este momento de mi vida no me iba a perder esta oportunidad. Incluso la aventura de estar en España tanto tiempo, un país en el que me siento muy a gusto, compartimos muchas cuestiones idiosincráticas. Madrid es muy amena, hay muchos latinoamericanos coexistiendo permanentemente, está genial.

Pedro, se habló mucho sobre lo que había pasado con Berlín. ¿Cómo te tomaste las repercusiones en tus fans?

P.A: Impresiona mucho después de contrastar durante años lo duro que es vivir de esta profesión, que de repente uno siga vivo y lo que está haciendo le interese a gente de todo el mundo. Yo camino por el desierto de Sonora en México y me encuentro a alguien que me conoce, o en París, o llegan mensajes de Arabia Saudí. Es descomunal y me hace sentir muy honrado porque el retorno es muy cálido y afectivo y reconoce además la valía del trabajo que estamos haciendo. Porque no siempre he hecho cosas buenas. He hecho cosas presentables, cosas malas, me he equivocado. Seguir activo rodeado de talento y generar este interés con la coartada del entretenimiento, pero también con cierto compromiso. Lo demás, que jueguen con que estoy muerto o vivo es anecdótico. El cogollo no está ahí.

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¿Por qué creen que la serie tuvo tanto éxito en Argentina?

R.S: si algo sabemos acá es de crisis financiera. Creo que está ese telón de fondo ahí. No es un programa revolucionario ni que ponga el foco ahí, pero evidentemente sí esa indignación de un sistema perverso que arroja a la marginalidad a millones de personas y a los que no arrojó tienen que pagar cada vez más impuestos y es una asfixia y una muerte lenta. Creo que un poco este atraco viene a dar un golpe y a sacudir ese paradigma y eso está presente en la serie y en un país como el nuestro que sufrimos estas cuestiones cotidianamente, creo que replica. También me parece que más allá de esto, que es el telón de fondo, los autores tienen el plus que además de ser guionistas son comunicadores sociales.

¿Qué nos podés contar de Palermo, tu personaje?

P.A: Es bueno, peludo, amoroso.

R.S: Suave y peludo (risas). Palermo es un tipo muy perturbado, con una patología puntual, es un misógino que evidentemente tiene un trauma muy fuerte. Es un apasionado, un ingeniero brillante. En su misoginia es patético pero también con mucho carisma. Es un intelectual brillante, un loco de mierda, es todo. Es un banquete para el actor. Es un tipo que también va a vengar algo y a reivindicar algo muy puntual y es un tipo que no le tiene miedo a la muerte.

¿Con Palermo va a pasar algo parecido a Berlín?

R.S: No tengo idea. A mí me preguntan, ¿vos venas a reemplazar a Berlín? No, es irremplazable. El trabajo que ha hecho Pedro es monumental. Es un actor de una sensibilidad y una profundidad que yo pocas veces vi. Y empatizo mucho, tenemos un estilo de actor muy parecido. Pero coincide esta cuestión de rol, Palermo es la misma carta en el plan, es el que ejecuta el robo in situ, dentro del banco.

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¿Hay un cariño de Palermo a Berlín?

R.S: Una devoción diría yo. Él lo ve como un dios a Berlín. Son dos tipos que se excitaron mucho craneando esto. Un golpe tan fuerte al sistema financiero, y en esa excitación Palermo esta enamoradísimo de Berlín. Un amor muy sufriente.

P.A: Es una relación que no entra en lo convencional. Están por encima de los tabúes, la tesitura amoral de los personajes, que son ególatras y muy listos. En términos de desarrollo creo que tiene mucho potencial.

Pedro, hiciste a personajes malos como Berlín y otros muy “santos” como el Padre Casares. ¿Cómo te llevás con la idea de lo bueno y lo malo?

P.A: Los límites de bueno o malo se han caído. Vivimos en un mundo donde lo que es lo bueno, lo moral, lo decente, lo legal, esta todo en cuestión. Creo que en la ficción la presencia de antihéroes, de personajes tormentosos, da la idea de que vivimos en un mundo donde no sabemos dónde está el Norte y donde está el Sur. Y a mí eso me encanta, que pienses que el personaje es un hijo de puta y de repente es un ángel. Yo he sentido que puedo ser un hijo de puta y un ángel. Como persona tengo un margen de maniobra mucho más estrecho, pero con el personaje corres la cortina de los límites y vas hasta el final.

(GABRIEL BOUYS / AFP)

¿Y por qué creés que Berlín despertó tanto amor dentro de su maldad?

P.A: Todos vivimos muy constreñidos. Este tipo es despreciable en muchos sentidos, impresentable, pero es auténtico. Voy con esto y voy con todo. Y eso es algo que todos quisiéramos en algún momento: me da igual lo que diga el mundo, cojo por aquí y voy. Me gustaría tener la cara que tiene este tipo, el humor. Palermo y Berlín son vehículos gozosos porque podes tomarlos un rato para desahogarte y a veces la gente quiere desprenderse un poco de la realidad. Y luego mucha gente decía, tu personaje es un psicópata o un sociópata. Yo creo que es un sociópata, pero es una máquina de empatizar. Lee muy bien lo que tiene delante y eso tiene mucho corazón. Otra cosa es el uso que él hace de esto, que es muy cuestionable. Humanamente tiene muchísimas riquezas. Yo me lo he pasado muy bien aunque también he pasado mucho vértigo. Podemos equivocarnos, pero a veces si no nos estrellamos no la pasamos bien.

La serie juega con el robo perfecto que no tiene víctima. Si tuvieran que fantasear, ¿a quién le robarían?

P.A: No entiendo mucho de tecnología, pero me gustaría resetear y poner a cero el disco duro de la mente de todos los gobernantes de la Tierra.

R.S: Yo diría algo así pero más simbólico, como robar el ojo de la pirámide en el billete del dólar.





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