Un argentino que vive en Santiago habló con Vía País luego de las manifestaciones que terminaron con al menos 11 muertos.


El último fin de semana, las calles de diversas ciudades chilenas se vieron colmadas de ciudadanos que salieron a expresar su descontento. El 6 de octubre, el gobierno del presidente Sebastián Piñera decidió subir en 30 pesos el precio del boleto de subterráneo. Pero esto fue solo la gota que rebalsó el vaso.

Desde Vía País hablamos con Franco Torrecilla, un joven oriundo de Bolívar, provincia de Buenos Aires, que vive en Santiago de Chile desde hace 10 años. Franco fue uno de los miles que marchó, cacerola en mano, para protestar por una situación económica que tiene a maltraer al pueblo chileno.

Franco Torrecilla es argentino y vive en Chile hace 10 años (Foto: Instagram/franco_torrecilla)

“Chile es un país muy injusto, las diferencias sociales son abismales” asegura, y explica que el motivo del descontento va más allá de un aumento en la tarifa del Metro: “Es una suma de cosas que venía aguantando el pueblo chileno. Los aportes jubilatorios son terribles, la salud es carísima, también la educación, aumentó la luz“.

En Chile, un sueldo mínimo es de alrededor de 300 mil pesos (24.200 pesos argentinos), y con los incrementos -que finalmente no se concretarán– el boleto hubiera llegado a un máximo de 830 pesos chilenos, lo que equivale a $66,80. “El transporte es uno de los más caros de América, e incluso es más elevado que el de Nueva York y Londres”, aseguró Franco, quien vive en la zona de Ñunoa.

Dockworkers hold a banner that reads “The State of Chile abandoned us” as they take part in a protest against Chile’s state economic model in Valparaiso, Chile, October 21, 2019. REUTERS/Rodrigo Garrido

Durante las manifestaciones, que comenzaron con los movimientos estudiantiles evadiendo los molinetes e ingresando al subterráneo sin pagar, la violencia alcanzó niveles altísimos. Según informes oficiales, 11 personas murieron y se generaron destrozos en diferentes zonas públicas, por lo que se declaró el estado de emergencia y hasta hubo toque de queda.

Militares armados y dispositivos de la policía uniformada tomaron el control de las calles, algo que según el argentino “no pasaba desde la dictadura” de Augusto Pinochet, y fue “bastante complicado”.

Este lunes, el país despertó con más calma, aunque “todas las líneas de metros están protegidas por militares, hay largas filas para cargar combustible y la mayoría de los comercios no abrieron sus puertas”, concluyó.

Mililtares chilenos custodian las estaciones de subte (Foto: Claudio Reyes/AFP)




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