Junto con la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, dio los principales lineamientos de sus próximos cuatro años como jefe del Estado.


Alberto Fernández pensó minuciosamente cada una de las palabras que manifestó durante su primer discurso como flamante presidente de la Argentina: en su exposición predominó el llamado para alcanzar de una vez por toda la tan proclamada unidad nacional y se comprometió a avanzar con reclamos de propios y ajenos, aunque aclaró, durante su gobierno los únicos privilegiados serán los que menos tienen.

“Los vengo a convocar, sin distinciones, a poner a la Argentina de pie”, “necesitamos que toda la Argentina Unida le ponga un freno a esta catástrofe social”, fueron algunas de las frases que repitió el mandatario ante los representantes del Congreso de la Nación, del Poder Judicial, los gobernadores y de demás espacios de poder que lo escucharon durante la sesión de la Asamblea Legislativa.

Fernández repasó el estado de situación de la Argentina, volvió a poner en relieve las dificultades del corto plazo que afronta el país con una deuda que lo deja al borde del default y con una profunda y extensa recesión económica.

El flamante presidente advirtió que, para revertir esa realidad, primero es necesario superar los “grandes muros del odio y del rencor, del hambre”. Y agregó que luego, “finalmente tenemos que superar al muro del despilfarro de nuestras energías productivas”.

“Estos muros y no nuestras ideas distintas son las que las dividen en estos tiempos históricos”, insistió Fernández, quien ya al frente del Poder Ejecutivo nacional profundizó así su convocatoria para ampliar su base de sustentación política: su discurso incluyó emotivos elogios tanto para Raúl Alfonsín como para Néstor Kirchner.

Fernández se mostró dispuesto a ponerle un punto final a esa grieta que tanto se fomentó en la pasada campaña electoral. “Apostar a la grieta significa que esas heridas siguen abiertas”, alertó y auguró que mantener ese camino “sería empujarnos al abismo”.

Esa vocación para lograr mayor representatividad también quedó en evidencia con los distintos temas que abordó el presidente electo respecto a la agenda que emprenderá en lo inmediato su gobierno. Así como se comprometió a controlar la obra pública, reclamó un “nunca más” para la “Justicia contaminada por servicios de inteligencia, operadores judiciales, procedimientos oscuros y linchamientos mediáticos”.

“Nunca más a una Justicia que decide y persigue según los vientos políticos del poder de turno. Nunca más a una Justicia que es utilizada para saldar discusiones políticas, ni a una política que judicializa los disensos para eliminar al adversario de turno”, sentenció. Y los presentes manifestaron con un extenso aplauso su beneplácito ante estas palabras.

Seguido, adelantó que “para superar este muro que lo único que ha garantizado en la Argentina es la impunidad estructural, en los próximos días vamos a enviar al Parlamento un conjunto de leyes que consagren una integral reforma del sistema federal de justicia”.

El flamante presidente adelantó que se reactivará el reclamo por la soberanía de las Islas Malvinas, ratificó que ya está en marcha la renegociación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y con el resto de los acreedores privados y reiteró que volverá a darle categoría ministerial a las áreas de Ciencia y de Salud, entre otras cosas.

Al hablar de la herencia, evitó las chicanas personales que supo mantener con el saliente Mauricio Macri. Pero subrayó que es necesario describir el país que recibe porque “va a llevar algún tiempo lograr aquello que todos queremos”.

“La inflación que tenemos actualmente es la más alta de los último 28 años; la tasa de desocupación es la más alta desde 2006; el valor del dólar pasó de $ 9 a $ 63 en solo cuatro años; la Argentina no para de achicar su economía: el PBI de 2019 es el más bajo de la última década; la pobreza actual está en los valores más altos desde 2008. Retrocedimos más de diez años en la lucha por reducir la pobreza”, detalló.

Agregó que la deuda externa “en relación al PBI está en su peor momento desde el año 2004”, que “la indigencia actual está en los valores más altos desde 2008” y que “el nivel de producción industrial hoy es equivalente al del año 2006”.

Otro de sus principales anuncios fue el de intervenir la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) “para impulsar así una reestructuración de todo el sistema de inteligencia e información estratégica del Estado”.

“Todos los fondos reservados dejarán de ser secretos, sino que serán reasignados para financiar el presupuesto del Plan contra el Hambre en la Argentina”, adelantó.

Fernández se comprometió a trabajar junto con todos los sectores para resolver las primeras urgencias que impone el hambre en la Argentina y para tratar de confirmar un camino hacia las políticas de Estado del futuro.

Y también aprovechó su primer discurso para prometer que se pondrá al frente de los reclamos por los derechos de las mujeres. “Ni una Menos debe ser una bandera de toda la sociedad y de todos los poderes de la república. El Estado debe reducir drásticamente la violencia contra las mujeres hasta su total erradicación”, manifestó.

Pero hacia el cierre, luego de exponer sus coincidencias con los principales sectores políticos, productivos y sociales, Fernández volvió a subrayar que el camino de su gobierno lo determinará la “ética política que reivindica los valores de la solidaridad y la justicia” y que “a los argentinos nos afecta la crisis”.

“En un contexto de gravedad extrema, de emergencia, debemos comprender que no existe la posibilidad de pedirle sacrificios a quien tiene hambre, no se le puede pedir sacrificios a quien no puede llegar a fin de mes. Debemos salir de esta situación con solidaridad, para que cuando se encienda la economía todos los sectores, sin excepción, puedan verse beneficiados. Pero hasta eliminar el hambre le pediremos mayor esfuerzo solidario a quien tenga más capacidad de darlo”, resaltó.

El discurso completo de Alberto Fernández. by Via País on Scribd




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