Entre 60.000 y 70.000 fueron asistidos directamente por el Gobierno. El resto lo hizo en vuelos que pudieron ingresar al país.


Unas 154.000 personas que residen en la Argentina han regresado al país entre el 17 y el 31 de marzo, de los cuales “entre 60.000 y 70.000” tuvieron que ser asistidos directamente por el Gobierno por la complejidad de las situaciones en las que se encontraban en medio de la pandemia de coronavirus Covid-19.

En ese universo hay turistas, personas que habían viajado por trabajo, estudio o salud, y otras que estaban residiendo en el exterior –algunos desde hace más de cinco años- y decidieron regresar a la Argentina debido a que han perdido sus empleos regulares.

Así lo reveló este jueves el canciller Felipe Solá en una reunión informativa por videoconferencia de la Cámara de Diputados que preside Sergio Massa. Fue en el marco de la la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto que conduce el legislador oficialista Eduardo Valdés.

Complicaciones

Uno de los mayores escollos en la actualidad es el sanitario. El ministerio de Salud fue cerrando el grifo de personas permitidas para ingresar a la Argentina. Al principio ingresaban 700 por Ezeiza, pero en la actualidad sólo son 300. Y otras 500 por cada paso fronterizo terrestre lo están haciendo a diario desde Paraguay, Brasil, Chile, Bolivia y Uruguay.

“En los vuelos siempre aparecen personas con síntomas. Cada vuelo que llega al país es un riesgo que se toma. Madrid, por ejemplo, es una ruta que asusta al ministerio de Salud por la cantidad de casos que hay en España. Cuando llegan se instaura un protocolo de aislamiento muy estricto”, dijo Solá.

Hasta este jueves 9 de abril había en el exterior “alrededor de 10.000 varados”, dijo Sola. No quiso dar un número exacto dado que la lista varía porque cada vez más argentinos residentes en otros países piden volver.

(Foto: Alejandro Santa Cruz/telam/dpa)

El canciller también señaló que se ha destrabado el movimiento comercial en todos los pasos fronterizos habilitados con países limítrofes, para que el transporte de cargas pueda ingresar y egresar, porque “es fundamental que la actividad no se paralice completamente”.

Exigencias opositoras

Karina Banfi, diputada de Juntos por el Cambio, fue crítica porque, según dijo, es escasa la información oficial pública sobre la cantidad de gente varada en el exterior. Y señaló que el Gobierno debería intensificar la repatriación, pero antes presentar públicamente un cronograma detallado sobre cómo será el proceso.

La cordobesa Soher El Sukaria, del bloque PRO, pidió también que se establezca un cronograma para la repatriación, porque hay muchos cordobeses que han viajado por diversos motivos, entre los que se destacan los laborales y por cuestiones de salud. “En muchos casos estas personas llegan a los consulados y no les dan ninguna respuesta”, dijo la legisladora.

Quienes vuelven

“Hay gente de work and travel (trabajo temporal en vacaciones) pero también personas que se quedaron sin empleos de larga data. Hay personas que tenían cinco o más años de residencia que quieren regresar porque prevén que van a empeorar las cosas donde ellos habían decidido realizar su vidas”, dijo Solá.

El canciller agregó que desde Brasil regresaron entre el 17 y el 31 de marzo unas 75.617 personas. La mayoría, según el funcionario, habían viajado después del 11 de marzo cuando la Organización Mundial de Salud (OMS) declaró la pandémica por coronavirus covid-19 y del 12 cuando el presiente Alberto Fernández anunció la emergencia nacional.

(Foto: EFE/Juan Ignacio Roncoroni)

“Esto generó muchas críticas a los que salieron que sabían que se iba a cerrar Ezeiza. Pero era legal irse. Luego no podíamos discriminar, solo ordenarlos e ir trayéndolos”, señaló Solá. Y precisó que la situación se fue complicando en los aeropuertos brasileños porque miles de argentinos que estaban en otras partes del mundo optaron por volar hasta allí para “acercarse a la Argentina”.

Cómo es la vuelta

Los varados vuelven por tres vías. La principal está dada por Aerolíneas Argentinas, que va a buscar a los que les había vendido pasajes con anterioridad. Eso ocurre en rutas comerciales clásicas como Cancún, Punta Cana, Bogotá, Santiago de Chile y ciudades de Brasil.

La segunda vía son las líneas internacionales que no cumplieron con los pasajes vendidos y a las cuales el Gobierno les pidió que realicen los vuelos. “Suben los que tienen pasajes y si el avión no está lleno, se sube a otros argentinos sin recursos y esos pasajes los paga la Cancillería”, explicó Solá.

Y la tercera vía es la contratación de charters (que ya llegaron de Cuba, México y Cancún, por ejemplo). Se suman los vuelos de los aviones Hércules de la Fuerza Aérea, que trajo personas de Perú. De estos, considerados de “repatriación” hubo al menos 25 vuelos hasta el momento.

Sola aclaró que la idea de repatriar “es relativa”, dado que esto es lo que se hace con los vuelos Hércules o los charters. “Lo demás no es repatriar, sino que consiste en gestionar con las aerolíneas y las autoridades de otros países los viajes de regreso. Es una pelea constante, pero que es legítima y válida, porque los países tienden a cerrarse”, indicó el funcionario.

Quejas y gastos

Se quejó también Solá porque hay aerolíneas les venden pasajes a los argentinos varados y luego les dicen que no vuelan porque no les dan entrada al país. “Argentina no está cerrada, se puede pedir permiso. Pero las aerolíneas venden y cuando ven que no llenan, suspenden. Además, saben que vuelven vacíos y entonces trabajarían a perdida. Esto es como una estafa”, dijo el canciller.

(Foto: Daniel Dabove/telam/dpa)

La Cancillería pagó hasta el momento 1.170.000 dólares para mover aviones. Y en ayuda a los vulnerables entre los varados se destinaron 342.000 dólares. En este caso, dijo el canciller, son los cónsules y embajadores los que van definiendo a quién se ayuda y a quién no.

Para considerar vulnerable a un varado se investiga si no tiene más plata o si no tiene donde alojarse, por ejemplo. Se les compra comida y medicamentos, entre otros víveres que necesitan para sobrevivir.

“Los cónsules tienen discrecionalidad otorgada por este canciller para determinar quiénes son vulnerables. Esto puede generar algunas injusticias, pero desde un escritorio en Buenos Aires no se puede decidir quién es vulnerable y quién no”, aseguró Solá.

Por la corresponsalía de Buenos Aires.




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