Por Edgardo Moreno


La discusión presupuestaria que se abrirá esta semana en el Congreso llegará precedida de meses de cabildeo que pasarán a la historia como un modelo de indolencia política frente a la gravedad de la crisis.

Dujovne entregará mañana sus planillas. El jueves comenzará en comisión el interrogatorio protocolar. Pero la señal más certera sobre el debate la aportarán los diputados el día anterior. Cuando se aborde un tema cuyo título describe el modo con el que el país político simula resolver los problemas: la derogación de la derogación del fondo sojero.

Todo es recursivo hasta el infinito. Con la dispensa de Borges, ruinas circulares.

Nicolas Dujovne (Foto: Andrew Caballero-Reynolds/AFP)

Aunque el presidente Macri y los gobernadores opositores se esforzaron por exhibir una fotografía de consenso político, esa puesta en escena ha sido tan largamente tardía que sólo pone en evidencia el desacuerdo permanente. Será un dato central e insoslayable cuando la historia revise el clima de época.

Los tropiezos para un acuerdo oportuno entre el Estado nacional y las provincias ya eran una realidad incontrastable cuando las autoridades argentinas recurrieron de urgencia al Fondo Monetario para pedir una revisión del acuerdo otorgado apenas en el trimestre anterior.

Esa revisión no avanzó por las señales de gobernabilidad que exageran como discurso los gobernadores peronistas, sino a pesar de su renuencia para concederlas.

En rigor, la propuesta argentina fue admitida en el FMI porque el Gobierno, urgido por otra corrida cambiaria, decidió zanjar el déficit con retenciones.

No pudo conseguir que las provincias ajusten su gasto y ajustó otra vez por el lado de los ingresos. Y del impuesto inflacionario, que el país eligió de nuevo como la vía más expeditiva -también la más regresiva- para licuar por algún tiempo el rojo crónico del Estado.

Nueva captura de dólares en la aduana, precios que intentarán subirse al dólar alto con el único límite de la recesión y más pobreza por el avance corrosivo de la inflación sobre los salarios y planes de contención social. Es otra vez la ecuación elegida por la política argentina para eludir la responsabilidad de adecuar su burocracia a niveles medianamente normales.

En el escenario de los gobernadores, la especulación electoral estalló en la discusión presupuestaria. Con una complicación central: la crisis de los cuadernos ha puesto en colisión dos estrategias distintas.

Cristina Kirchner denunció “destrozos” y objetos robados durante los allanamientos realizados en su vivienda de El Calafate

Por un lado, los jefes territoriales buscan el modo más efectivo de preservar sus dominios. Con el desdoblamiento de fechas electorales como herramienta más usual.

Por otro, esa aspiración defensiva choca con el diseño de una estrategia articulada para recuperar el poder nacional, cuya clave de bóveda es la necesidad de debilitar a María Eugenia Vidal en provincia de Buenos Aires.

Antes de los cuadernos, esas dos avenidas podían converger en una primaria nacional, en la que algunos soñaban incluir a Cristina. Bastaba con presionar para que al déficit lo paguen Macri y Vidal.

Pero el juez Claudio Bonadio ya resolvió procesar a Cristina en una causa en la que hay evidencias y testimonios de arrepentidos de contundencia abrumadora.

El pedido de desafuero que entrará al Senado derrumbará la idea de la gran primaria de reunificación justicialista. La defensa de Cristina será costo puro para el peronismo. Sólo resuelve las urgencias de Unidad Ciudadana, que encima amenaza en las provincias con listas que dividen el voto opositor.

El Juez Bonadio

La versión que echó a rodar el macrismo sobre la posibilidad de eliminar las Paso combina con esas necesidades emergentes en el PJ.

Las primarias de voto obligatorio vienen desde hace tiempo con una mochila de desprestigio. Aunque es incierto todavía que la política se ponga de acuerdo para derogarlas. Aún está desconcertada por el rumbo que le dará a la legislación de financiamiento de campañas.

La eliminación de las PASO también podría serle funcional a Macri. Le permitiría eludir algunas fisuras en su coalición que se hicieron evidentes no sólo por la crisis económica. También en debates como el de la legalización del aborto, en el que se fortaleció una vertiente interna neo, con cuya rigidez discursiva la acerca más al fenómeno brasileño de Jair Bolsonaro que al macrismo moderado de 2015.

Seguidores del ultraderechista Jair Bolsonaro (Foto: Fernando Bizerra Jr./EFE)

La Casa Rosada se anima a hacer proyecciones electorales en medio del tembladeral económico porque los plazos se le vienen encima. Tiene en contra el horizonte brumoso de la recesión. Tiene a favor algunas señales menos angustiantes de un escenario internacional turbulento.

La política norteamericana convulsiona con el controvertido liderazgo de Donald Trump. Pero una observadora crítica y sagaz como Madeleine Albright, exfuncionaria de Bill Clinton, advierte que el fortalecimiento de la economía estadounidense le puede dar el triunfo de Trump en las próximas elecciones.

Trump ve en Macri un factor de equilibrio geopolítico. En una región donde Nicolás Maduro ha conseguido el dudoso privilegio de inaugurar una enorme crisis migratoria moderna. Similar a la que condenó el papa Francisco en Europa.

Donald Trump (Foto: Susan Walsh/AP

Otro dato del escenario mundial que alivia a la Rosada es precisamente la situación del papado. Bergoglio enfrenta una crisis profunda de su pontificado y resolvió jugar a fondo convocando para febrero a una asamblea global con un punteo de obispos más complicado que un concilio. Tiene menos margen para demorar su agenda en conspiraciones argentinas.

Una tercera señal vino de Brasil. Lula sigue preso y su partido aceptó competir con otro candidato. Su regreso era la apuesta estratégica de Cristina Fernández.

Cuando la Corte Suprema argentina decidió terminar el ciclo de Ricardo Lorenzetti, el macrismo creyó que la semana le había sonreído por completo.

Pero el dólar trepó encima de los 40 pesos y le tocó el hombro con el sinsabor de la realidad.




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