En el Día de la Madre, la medallista y campeona del mundo en hockey, con su mayor logro: disfrutar de Robertina y Antonia. La escencia de una luchadora.


Es un domingo especial para Soledad García, un Día de la Madre que se disfruta el doble, porque lo comparte con Robertina (4 años) y Antonia, la bebé que el año pasado a esta altura, venía en camino. Y cuyo embarazo le exigió a la Sole dar lo máximo de ella misma.

Instalada en San Rafael (Mendoza), head coach de los seleccionados locales, la campeona del mundo en hockey comparte su tiempo con las leoncitas de la familia.

“Yo soy cordobesa de pura sangre, pero Robertina ya habla con tonada mendocina y nos reímos. Me encantaría tener un varón, para conocer lo que es el amor hacia un hijo varón. A Nicolás, mi marido, una vez le tiraron las cartas y le dijeron que tendríamos tres hijos y uno sería varón. Veremos…”.

Así comenzó la entrevista, en el programa radial De la cancha al living que se emite los martes a las 20 por ShowSport La Red Córdoba.

Hasta aquí, puede proyectar su propia Selección de hockey femenina con la familia García, ya que sus hermanas fueron jugadoras y su mamá hizo Mami Hockey. “Con Vero y Vale, mis hermanas, nos criamos en Universitario. Pero faltan demasiadas jugadores y yo no voy a completar el equipo”, bromeó.

Antonia nació a los ocho meses de gestacíon y pasaron por momentos duros, de zozobra. “Con Robertina el embarazo fue espectacular. Pero con Antonia un mes antes tuve que hacer reposo para adelantar el parto. No podía ni levantarme para ir al baño. Justo a mí que todo el tiempo hago cosas y no puedo quedarme quieta”.

La Sole junto a Robertina. “Cono ella la casa es un caos de juguetes, de ropa por todos lados. Le tengo que pedir el cepillo de pelo a ella porque no encuentro los míos…”.

“Pasamos tres semanas en la Neo, porque a la bebé le conectaron respirador artificial. Ibamos cada tres horas a visitarla, Robertina no entendía por qué no veía a su hermana….Te descubrís en un montón de cosas, y creo que en algunos aspectos lo comparé con lo que tenía que afrontar como jugadora de la Selección. Te hace valorar más lo que tenés”, evocó Soledad.

La Leona también se autodefinió en el rol de madre: “Al principio era poco paciente, y hasta me cambiaba el humor que la casa no esté ordenada. Sigo siendo muy exigente, por ejemplo con el cuidado de la ropa, con las comidas… ¡pero Robertina tiene cuatro años! Le encanta tomar coca y comer papas fritas… No puedo ser tan pesada”.

Y completó: “Hace 10 años no me hubiera imaginado en una situación así porque entrenaba con Las Leonas en el alto rendimiento, y eso implica ser muy una misma, mucho ego y exigencia. Ahora veo a mis hijas, lo compañeras que son y como Robertina hace jugar y reir a su hermanita… Es una felicidad plena”.

“Cuando nació Antonia y estuvo tres semanas en la Neo, Robertina preguntaba por qué no podía ver a su hermanita si yo ya no tenía panza. Son muy compañeras, la hace jugar y reir”.




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