Gabriel Córdoba, de 21 años, había sido ejecutado por ladrones en una parada de colectivos en mayo de 2019. Tras balearlo, le robaron un viejo celular. Actualmente, como si fuera poco, reciben mensajes con amenazas.


El 26 de mayo del año pasado, la familia de Gabriel Córdoba, un joven de 21 años que era padre de una criatura, celebraba el cumpleaños 16 de una de sus hijas. Por el festejo, habían decidido ir a cenar a un restaurante del Centro. Inesperadamente, iba a suceder una tragedia que cambiaría las cosas para siempre.

Mientras gran parte de la familia esperaba el colectivo en una parada, en plena oscuridad, aparecieron motochoros. Uno de ellos encaró al padre y le exigió el celular y la plata. En esas circunstancias, el hijo de este hombre apareció en escena para defenderlo, se resistió, hubo una breve pelea y todo terminó de la peor manera: dos balazos le dieron en el tórax.

Durante el traslado de Gabriel y su padre al hospital, se producía la muerte del joven que no pudo resistir esos dos balazos a quemarropa en el pecho.

La fatal emboscada ocurrió el 26 de mayo del año pasado en la avenida Vélez Sársfield, en el barrio Comercial, en la zona sur de la ciudad de Córdoba.

Gabriel Alejandro Córdoba tenía 21 años y se ganaba la vida como albañil. Era padre de una pequeña de corta edad.

Gabriel Córdoba

Y como si esta pesadilla no hubiera sido suficiente, en estos días la familia recibió, nuevamente, amenazas anónimas. Ya había sufrido aprietes tiempo atrás y, ahora, los mensajes volvieron.

“Es una pobre gente. Han sufrido mucho. Les mataron el hijo de la peor manera, era un pibe excelente, laburante, padre. Lo mataron como si nada por defender a su padre y también le robaron. Ahora, la familia, lamentablemente, ha vuelto a recibir amenazas de muerte de no sabemos quién”, expresó el abogado Benjamín Sonzini Astudillo, quien representa a los padres de la víctima. “Los están amenazando, vienen recibiendo mensajes”, añadió.

Pese a las consultas realizadas por La Voz, los padres prefirieron guardar silencio. Allegados a la familia, de todos modos, reclaman justicia.

Actualmente el expediente de la causa está más que avanzado. Dos hombres esperan en la cárcel de Bouwer a ser juzgador por el crimen. Se trata de Ricardo Guzmán (34) y de Jonathan Alejandro González (27), a quienes el fiscal José Bringas acusó por homicidio en ocasión de robo. Ambos cuentan con serios antecedentes penales.

Tras una serie de oposiciones formuladas ante un Juzgado de Control, la causa finalmente fue enviada a juicio oral. Se espera que cuando la actividad de los Tribunales en Córdoba se reanude, finalmente se sortee la Cámara del Crimen que tendrá a su cargo la realización del juicio.

Los hechos del 26 de mayo de 2019

Era una noche helada la de aquel domingo. Gran parte de la familia se encontraba en la parada de colectivo del 51, en la avenida Vélez Sársfield al 6100.

De pronto, Julio Fernández, el padre, se alejó a un pasaje próximo para orinar. La zona era una “boca de lobo”. Fue entonces cuando justo frenó una moto. Uno de los motochoros llevaba un revólver.

Dame el teléfono y lo que tengás”, amenazó uno de los asaltantes, mientras sostenía el arma.

Al ver lo que estaba sucediendo, Gabriel Córdoba salió decidido a defender a su padre. Tras lanzar una piedra contra los ladrones, fue a encararlos. En segundos, la situación derivó en una violenta pelea.

Fernández alcanzó a sujetar desde atrás a uno de los ladrones, como escudo humano. Mientras tanto, el otro delincuente, armado, no dejaba de amenazar a los gritos. “Me agarré en lucha con uno y empezaron los tiros. Uno decía: ‘¡Pegale, pegale! ¡Tirale, tirale!’”, contó en su momento el padre.

Uno de los disparos dio en una pierna del propio Fernández. Otro balazo, en tanto, se incrustó en el muslo del ladrón que era tomado como escudo. Sin embargo, la situación más seria la vivió Gabriel. Dos plomos se incrustaron en su tórax y cayó al piso. Llegaría sin vida al Hospital Príncipe de Asturias, de Villa El Libertador.

El celular que robaron era una mierda, una porquería, no servía para nada”, exclamó el padre. Un Nokia 1100 fue el botín que los ladrones se llevaron esa noche.

Nos destrozaron la vida”, se le escuchó decir a Fernández.

Los sospechosos

Uno de ellos fue detenido a las pocas horas del hecho. Según trascendió, se presentó herido en un centro de salud diciendo que lo habían baleado en un confuso episodio. Pero, tan confusa era su versión que pronto quedó en medio de las sospechas por parte de los detectives policiales.

Un intenso trabajo de testimonios, de vecinos y de otras personas, permitió a los investigadores ir atando cabos. Los rastreos tecnológicos, principalmente celulares, permitieron cercar a los dos acusados, vecinos de esa zona.

Además, se les hallaron distintos elementos, como camperas con sangre y hasta la moto. El viejo Nokia nunca fue encontrado. Finalmente, ambos fueron reconocidos en rueda de personas.

Esa pobre familia la sufrió muy feo y encima recibió amenazas. Y ahora volvieron a recibir mensajes”, se quejó Sonzini Astudillo.




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