Una ingresó en la Universidad Nacional de Córdoba y la otra en la de La Pampa.


En el contexto de la cuarentena impuesta por la pandemia del coronavirus, la educación está siendo sometida a una serie de cambios que implican la supresión de la presencialidad en las aulas y el dictado de clases en modalidades virtuales, lo que presenta variadas consecuencias.

Estas particularidades incluyen a las universidades, que reciben a los ingresantes de primer año enfrentados a un mundo nuevo de conocimientos, compañeros y docentes, y son quienes tal vez mas apoyo y socialización necesitan para la adaptación, pero que vieron cambiar abruptamente sus vidas por la sorpresiva aparición del aislamiento social.

Precisamente, este es el camino que transitan Ana y Ludmila, dos amigas que fueron compañeras durante el secundario en la orientación en Ciencias Sociales del colegio Juan Ricardo Nervi de Santa Rosa, y hoy están, una en la Universidad Nacional de Córdoba cursando la carrera de Bioquímica, y la otra en la Universidad Nacional de La Pampa estudiando para Contadora Pública.

Ana eligió estudiar en Córdoba (Facebook)

Entrevistadas por Vía Santa Rosa, ambas contaron que vivieron momentos de confusión e inseguridad ante la aparición de la cuarentena, y hasta pensaron en abandonar o volver a intentarlo el año que viene, camino que, según dijeron, tomaron muchos de sus nuevos compañeros.

Ludmila tuvo la ventaja de haberse quedado en Santa Rosa, de modo que no tuvo que transitar las dificultades de Ana, quien dijo que se volvió de Córdoba “2 o 3 días antes que el presidente decretara la cuarentena en todo el país, por lo que mis papás pagaron (el hospedaje de) abril por si había chances de que pueda volver. Me quedó muchísima ropa y cosas allá que no pude traer conmigo. Fue una situación difícil porque ahí decidían mis papás. Si se levantaba la cuarentena, perdía el lugar en el que estaba y tenía que buscar otro que seguro era más caro. Ese era el riesgo”, detalló.

Ludmila estudia en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas (Facebook)

En el mismo sentido, Ludmila comentó que “estaba muy nerviosa por el cambio y porque no sabía si iba a haber algún conocido”, y que incluso se sintió “confundida porque no sabía cómo iba a ser la modalidad de las clases”, y hasta pensó “en cambiar porque no sentía que me estuviera gustando la carrera”, tal como lo sintieron muchos compañeros que sí abandonaron.

Una vez iniciada la cuarentena, la Facultad de Ciencias Químicas emitió un comunicado en el que aclaraba que se cancelaba el examen de ingreso. “Luego estuvimos sin noticias hasta fines de mayo”, contó Ana, “cuando mandaron un mail diciendo que quizás podrían realizarse los exámenes de manera virtual. Para ese momento, un montón de ingresantes habían dejado de estudiar y consideraban el año perdido“, afirmó.

Ana y su pasión por las artes marciales (Facebook)

“Ciencias Químicas tiene la particularidad de que en el primer cuatrimestre del primer año ya hay materias que deben tener prácticas, como Laboratorio I. Esas materias están dadas por la mitad porque es difícil realizar demostraciones y experimentos con materiales que tengas en tu casa”, explicó la estudiante.

Me daba mucho miedo porque estuve sola y no sabía qué hacer. Nadie sabía nada y eso era lo peor. Estaban todos muy inquietos y alborotados. Todos querían guantes de látex, alcohol y barbijos“, y sufriendo “mucha incertidumbre también porque no sabía qué iba a pasar con el ingreso”, recordó.

Por último, Ana manifestó que pensó “muchísimas veces en qué hacer, si cambiar de carrera, si abandonar, si seguir, qué es lo que me convenía y qué es lo que realmente quería yo. Estuve muy muy insegura de mi decisión”, relató, agregando que “por un lado pienso que perdí el año, pero por el otro pienso que aprendí muchísimas cosas más por seguir estudiando por mi cuenta. Y tengo mucha más información que antes”.

Ludmila no cree que sea un año perdido (Facebook)

A pesar de lo inédito de la situación, Ludmila reconoció que tanto la Facultad de Ciencias Económicas como los profesores “fueron muy comprensivos y estaban a disposición por si teníamos alguna duda sobre las clases o los trabajos“, y que no cree que éste sea un año perdido “porque creo que esta bueno seguir aprendiendo, aunque no sea presencialmente”, concluyó.

Dos casos, como tantos otros, en los que a las dudas y preguntas propias de esa temprana juventud, se sumó imprevistamente una situación inédita en el mundo que los atravesó y los atraviesa aún, con los interrogantes que tratarán de responder transitando sus propias experiencias.




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