Un fotógrafo italiano retrató a su hijo junto al conductor de un carro que llevaba su laboratorio ambulante hace 150 años.


Este jueves se cumplieron 204 años de la Declaración de la Independencia y Tucumán fue la capital del país por un día. La fachada de la Casa Histórica se ha retratado de miles de formas y es una de las tareas obligatorias de los alumnos en las escuelas. Sin embargo la forma de todos aquellos retratos tiene su origen hace muchos años.

Hace 150 años, en la puerta de lo que hoy es la Casa Histórica de la Independencia, un fotógrafo italiano retrató a su hijo junto al conductor de un carro que llevaba su laboratorio ambulante. Ángel Paganelli era su nombre y nunca imaginó que esa instantánea sería la única que se conservaría de la fachada original de la casa.

La casa Histórica de Tucumán (Foto: Historia Visual Argentina (HVA)

Paganelli y su hermano José embarcaron en Italia rumbo a la Argentina en 1860. Se instalaron en Córdoba, donde montaron una casa de fotografía y luego hicieron lo mismo en Tucumán. Trabajaron juntos hasta 1896, año en que disolvieron la sociedad. José retornó a Córdoba y Ángel continuó en San Miguel de Tucumán.

16 de julio de 1865, la edición de la fecha del diario El Liberal, publicó un aviso publicitario de la casa de fotografía de los hermanos Paganelli.

Los hermanos italianos Angel y José Paganelli llegan a Tucumán en abril de 1865. En Julio instalaron su Galería de retratos fotográficos en la calle Urquiza, actual Entre Ríos 115. Ellos introdujeron, además del retrato, las vistas de paisajes y edificios. Sus fotografías fueron valiosos documentos para conocer lo que era la ciudad en la década de 1860. Gracias a una de ellas pudo reconstruirse la Casa Histórica, pues los hermanos fotografiaron el edificio en ruinas en 1869. Este texto corresponde al libro “Historia tucumanas día por día” de las historiadores Maria Waldina Puig y Marta de Ezcurra.

El historiador tucumano José R. Fierro, tuvo la oportunidad de entrevistar a Paganelli durante sus últimos años de vida y relata que el fotógrafo debió cerrar su estudio por problemas económicos y comenzar a trabajar en la Contaduría General de la Provincia. Sin embargo, conservó intacta su pasión por el oficio como también copias y negativos de sus trabajos que los compartía con todo aquel que lo visitara. Debido a su generosidad desinteresada, sus originales fueron pasando de mano en mano hasta perderse en destinos desconocido.




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